Por culpa de un viento de domingo en el país de las ausencias

(…) En la boca las palabras morirán

para que el viento a su deseo pueda ulular.

Después, tendido como suelen hacer las islas,

miraré fijamente al horizonte,

veré salir el sol, la luna,

y lejos ya de la inquietud,

diré muy bajito:

¿así que era verdad?

V. Piñera, Isla (1979).

Yo quería escribir algo que provocara risa. Algo medio simpático. Que aligerara existencias por un instante, desanudara sonrisas, elevara espíritus atribulados. Porque bastante tiene cada quien con sus problemas para venir a leer los ajenos. Una realidad que parece hermética a la razón, como si la custodiara una esfinge despiadada. La risa es el bálsamo nuestro de cada día contra el agotamiento por desafiar enigmas imposibles. Incluso, contra el desconsuelo por declarar la rendición. La risa a veces nos salva, a veces nos condena. Si hubiese escrito el sábado, con los sentidos aún contraídos por la dinámica de los días, hubiera sido salvación. Pero hoy domingo, sería condena. Las intrusiones del viento por la ventana a mi izquierda sugieren la nostalgia. Se me antoja añorar a los ausentes. Sentarme en algún sitio imperturbable de la memoria a proyectar mis retazos de tiempo transformados en recuerdos. Lo único que verdaderamente colecciono. No me apetece reír, aunque siempre aparezcamos riendo. Quizás, por eso. Si ahora invocara a la risa para hacer soportable la realidad, la condenaría a la inmanencia. Me convertiría en cómplice de la gestación de ausencias. No será tampoco la nostalgia lo que nos salve, pero debo mi obediencia al viento. Ya pondré un vaso con agua a los espíritus.

Y ahí está Pedro. Con esa expresión tan suya de ido del mundo. Los ojos como canicas huracanadas que juegan a descolocarse. Cualquiera lo creería tonto. Sin embargo, lo cierto es que todos profesábamos la tontería con una rigurosidad notable. Debió ser eso lo que nos unió. La seriedad nos causaba espanto. No solo por inservible sino también por tediosa. Los tonos afectados, los convencionalismos, las pretensiones, las falsas apariencias. La deshonestidad en cada una de sus manifestaciones. Juntos nos animábamos a ser. Cada quien sacaba de sí lo mejor de lo peor. Lo mejor. Como supongo que ocurre en todo grupo de amigos.

Entonces Pedro. Pedro es el absurdo. Le gustaba combinar rayas con cuadros –ese criterio estético lo compartimos- y la visualidad de las obras del Ciervo Encantado. Nelda Castillo le parecía una tipa fabulosa. Qué visualidad. Era el argumento principal de su afición. Aunque para ser justa, en ocasiones también alegó que nadie realizaba un teatro así en Cuba. Seguro era la autenticidad lo que le atraía. La autenticidad es su obsesión. Desde que supimos que repitió el primer año de arquitectura por no reducir en su proyecto un voladizo que ascendía a 36 metros, diagnosticamos su compulsión por transgredir y lo dimos por incorregible. A mí no me caben dudas de que nació para la arquitectura. Pero siglos y siglos de construcciones civilizatorias son más difíciles de convencer. Hasta ahora, ya convenció a tres tribunales. El primero admitió su ingreso a la CUJAE, el segundo posibilitó su partida hacia cierto instituto tecnológico de Torino, y el tercero le premió en un concurso con una beca en Nueva York. En la gran manzana es donde intenta ahora hacerse arquitecto. He sabido que admira a pocos profesores, convoca a protestas estudiantiles e intenta demostrar que no construirá unhouses. Y a pesar de que no le he vuelto a ver, me arriesgo a afirmar que sus ojos continúan igual de descolocados.

Fernando es bien distinto. Fernando es la sensatez, la constancia. Una persona que se centra en un objetivo y persevera hasta alcanzarlo. Antes de marcharse a Torino a culminar sus estudios de ingeniería civil, al mismo instituto que Pedro, navegó casi un año con extremada paciencia por Internet en busca de becas. Se le había metido en la cabeza escapar de las sofocaciones tropicales. Debajo de las camisas usaba siempre un pulóver blanco para mitigar transpiraciones. Según él, así se siente menos calor. Pero cuando veía su cara de porcelana exteriorizando las altas temperaturas, no podía menos que cuestionar la efectividad del pulóver blanco. Era su calma lo que le permitía soportar el calor, más que cualquier artificio. Tenía un actuar metódico, inalterable. Yo insistía en subvertir su cabello indefectiblemente engominado, como si así consiguiera infringir su orden, pero Fernando, como el resto, con una sabiduría inmensurable optaba por no prestarme demasiada atención.

La etimología indica que emigrar proviene del vocablo latín emigrare, que significa irse. No se especifica hacia donde ni por qué motivos. La historia de la humanidad podría contarse a partir de sus grandes migraciones. Es decir, a partir de quienes se van de un lugar con la certeza o creencia de que en el otro vivirán mejor. Mejor es una categoría difícil de operacionalizar, porque cada persona tiene su propio concepto de mejor. La generalidad revela que mejor implica más felices o menos infelices. No obstante, la sistematización de mis vivencias advierte que, en nuestro caso insular, mejor también implica distinto. Hay jóvenes que emigran sin certezas o creencias. Que emigran porque se cansan de lo mismo: otra categoría más difícil aún de operacionalizar.

Para ilustrar lo que digo, les voy a citar un ejemplo. Hace como un año unos vecinos de mi tía de Santa Fe emigraron hacia Jerusalén. Tenían ascendientes judíos, aprendieron algunas frases elementales en hebreo, asistieron por un tiempo a una sinagoga, y al final una cosa llevó a la otra. Mi tía, que no podría pormenorizar las lógicas del conflicto entre Israel y Palestina pero sabe de sus broncas, les preguntó a él y ella cómo se iban para una ciudad atravesada por la guerra. El muchacho, muy resueltamente, le respondió que existían refugios subterráneos muy buenos por si atacaban, y cuando la alarma suena te escondes y luego sales. Como si su vida entera hubiera transcurrido en clima bélico. Desde luego, el promedio salarial también constituyó un factor influyente, pero no abarca la complejidad de las razones por las que decidieron irse. Jerusalén, bien pudo ser Kuala Lumpur.

Ahora resurge Claudia. Claudia es la rebeldía. No se conforma con la hermeticidad del enigma. Necesita explicarse el mundo. Crear respuestas cuando la esfinge no cede a los esfuerzos por develarla. Jamás se rinde, aunque se haya sentido rendida. Hay realidades que se nos pueden tornar inabordables. Fue para no declarar su rendición que decidió irse. Es incapaz de permanecer indiferente ante lo que considera injusto. Una inconforme incorregible. Nosotras nos conocemos desde los cuatro años, cuando comíamos flores y levantábamos castillos con bloques plásticos para ciempiés y cochinillas (pequeño crustáceo isópodo terrestre de color ceniciento). Luego cuando crecimos, empezamos a preocuparnos por cosas más trascendentales. En la primaria fuimos arqueólogas, visitamos Egipto todas las semanas, excavamos en el terreno aledaño a la escuela, escribimos historias de amor sin finales felices y exploramos un edificio parcialmente abandonado, convencidas de que haríamos un hallazgo excepcional. Fue la primera lectora que tuve –no se si yo también la suya-, mi mayor adversaria en discusiones y quien me enseñó a expresar mis sentimientos mediante la superación del temor al ridículo. Las acciones suyas que en la adolescencia me despertaran vergüenza ajena, luego ganaron mi admiración. Todas sus ridiculeces no eran más que actos genuinos de valentía, que expresaban su determinación a ser libe y feliz. En algún momento de los últimos 20 años, nuestra amistad se me volvió imprescindible. La noche en que nos despedimos lo constaté. Podíamos habitar en galaxias distintas, que el mundo común que habíamos construido nos mantendría unidas. Se marchó a Toronto con la certeza de que no podía seguir en lo mismo. No tanto por creer en lo distinto. Ella dudaba. Dudaba por su eterna percepción sociológica de la realidad. Hasta que un día observamos otra vez a la esfinge infranqueable y recordamos juntas una verdad indispensable: Patria es humanidad.

Dice Virgilio, que una vez lloró al conocer a una anciana que había vivido ciento ocho años rodeada de agua por todas partes. Revela una mentalidad de isla. Consciencia de que existe vida después de nuestros límites terrestres. Necesidad de entrar en contacto con culturas extraisleñas. No estamos solos en el planeta. Mujeres y hombres de ciencia hicieron flotar barcos y volar aviones para vencer las distancias. Mujeres y hombres de gobiernos y corporaciones inventaron otras distancias. En la isla asumimos como un derecho que los pueblos se conozcan. Cuando una sociedad inicia el camino de su liberación, cada paso quiere adelantar al anterior. Las conquistas de antes se entienden hoy como derechos superables. Cada época establece en los imaginarios sus propios derechos a conquistar. La praxis del derecho a conquistar los derechos que nos ocupan, resulta en que asumamos conocer el mundo como un derecho pendiente. En la terminal tres del aeropuerto, una señora encargada de la limpieza le preguntó a otra que trabajaba en una agencia de viajes por el costo de un pasaje. ¿Pero dígame adonde quiere ir? A cualquier país de esos que no piden visa.

David aparece con su sonrisa delatora de ideas macabras. Es el ingenio. Su mente no para de generar y nosotros no paramos de reír con cada ocurrencia que verbaliza. Sería un éxito escribiendo guiones para series humorísticas. En los cumpleaños, o cuando se lo encargábamos, confeccionaba origamis. Nunca le pedí que me enseñara porque la papiroflexia agota muy pronto mi paciencia. Y también porque no saber los procedimientos incrementaba mis fascinaciones con sus obras. Él y Claudia tuvieron una hija en común. Su nombre es Bibi, una cocker negra algo trastornada, que a ratos llamábamos Conejo, por sus brincos, o Mordencia, por deformación de Princesa, la canción de Sabina. David hubiera querido tenerla consigo en Cuenca atolondrándose mutuamente. Designarla su copiloto oficial en cuantas precipitaciones efectuara por escaleras sobre colchones vapuleados. ¡Agárrate fuerte Bibi! Y estar orgulloso de su hija, aunque fuera una acosadora empedernida de su propia cola. Pero en España por la crisis hay muchos copilotos en paro. Fue más seguro dejar a Morde al cuidado de su abuela paterna. Antes de marcharse, David me confió unos pinceles que le dejara Fernando y yo le regalé un poema informe –o infame, se burlaría él- sobre cómo leer poesía. Los pinceles a mí no me ayudaron a pintar, porque nunca seré pintora ni cursaré el taller de pintura creativa -como le anunciara-, pero estoy segura de que mi elaborado método de lectura para poesía, sí le será útil para aprender a ser periodista.

Algo no anda bien. Uno puede naturalizar las despedidas. Acostumbrarse a las separaciones como si formaran parte de quienes somos. Porque ya forman parte de quienes somos. Uno incluso tras tanto repetir cuídate mucho buena suerte escribe, cuídate mucho buena suerte escribe, cuídate mucho buena suerte escribe, aprende a neutralizar las emociones. Las lágrimas se vuelven más resistentes, difíciles, escasas. Como si se agotaran antes de salir o corrieran hacia dentro en busca de las palpitaciones del dolor. El llanto cae en una elipsis abismal. Tus ojos se muestran severos, despejados y en calma. Porque cuando lloraron por los primeros, sin sospecharlo estaban llorando por todos. Hasta por quienes entonces no pensaban en irse, hasta por amigas y amigos desconocidos, hasta por familias ajenas, hasta por los que no han nacido. No duelen tanto las despedidas, como el hecho de que ocurran. Cuesta aceptar que por frecuentes son correctas. Algo no anda bien. Aunque uno se acostumbre, algo no anda bien.

Lo mío y lo de Leo fue impredecible. Una amistad desfasada que burló las precauciones de cuando nos conocimos. Yo por huraña. Él por ser Leo. La provocación era su prueba de fuego para el acercamiento. Al principio sí reaccionaba a sus comentarios despectivos sobre los periodistas, porque admito que no eran infundados. No lanzaba piedras azarosas en todas las direcciones. Él conocía lo que criticaba. Era un lector fiel de Granma y espectador asiduo del noticiero estelar. Además, aunque estudiaba Dramaturgia, trabajaba como reportero en un programa televisivo. Pero en cuanto percibí que no le interesaba tanto sostener una discusión sobre el sistema de prensa como burlarse de sus desatinos, depuse mis razones y me senté en las gradas a escucharlo. Leo es la sofisticación del sarcasmo. Por eso nos postergamos sin saber que ese alejamiento supondría una postergación. Para que dos personas inicien una relación no basta con lograr cierta compatibilidad. Las circunstancias son determinantes. Las partidas que le precedieron y otra serie de situaciones desencadenaron en nuestra amistad. Aún no he conseguido identificar cuándo tiende al sarcasmo o a la discusión, pero aprendimos a prestarnos compañía. Porque en realidad Leo, tu problema nunca fue con los idealistas sino con la gente farsante que mercadea con su nombre, con los discursos huecos y la mediocridad. Cualquier persona que busque la belleza en el mundo es idealista. ¿Qué si no, haces ahora con nuestro Lorca en Nueva York?

Es cierto que en todos los países hay procesos migratorios. Separaciones, partidas, monotonía, desesperanza, distancias, nostalgia. Sin  embargo, en Cuba el dolor es doble. Duele por lo mismo que en cualquier lugar y duele por la utopía con que nos definimos. La utopía de crear una sociedad donde se pueda vivir dignamente, o para mayor exactitud martiana, una república con todos y para el bien de todos, donde la ley primera sea el culto a la dignidad plena de mujeres y hombres. Mientras así nos definamos, cada emigración de padre, madre, hermana o hijo, que suceda porque en el país no encuentre medios dignos de trabajo para garantizar el bienestar elemental suyo y de su familia, representa una derrota en el proceso de realización de esa utopía y, por tanto, será eminentemente política. Los motivos económicos tienen naturaleza política. Las maneras en que se produce la vida humana, las maneras en que se produce la sociedad, las maneras en que resolvemos el hoy, las maneras en que inventamos, luchamos, gestionamos, las maneras en que nos arreglamos para conseguir los medios necesarios para nuestra subsistencia individual y familiar, expresan la esencia de las relaciones políticas existentes. El alegato de aquí no hay futuro que sustenta miles de decisiones migratorias, no es un cliché inofensivo ni una excusa reiterativa. ¿Qué significa que en un proyecto que se (re)quiere inclusivo y participativo (por aquello del con todos y para el bien de todos) las juventudes sientan que no tienen futuro? ¿Por qué no identifican la utopía con su futuro?

La carcajada fue la última en partir. Demasiado transparente en lo que siente y piensa. Vivian es de las amigas clásicas. Confidente y cómplice. Que reparte consejos y te acompaña a cualquier parte. Por lo general crea empatía muy fácil con la gente que le simpatiza, y con la que no, genera lo contrario igual de fácil. El día antes de que partiera hacia Managua, al probable reencuentro con sus ancestros en genealogía materna, fuimos a que se despidiera de los padres de Claudia. Isis nos esperaba con comida recién preparada. Su destreza en la cocina siempre ha tenido un gran poder de convocatoria. Vivian le cuela un grito de María por la ventana para que abra la puerta. No hemos entrado y ya nos acordamos de Claudia. María es como ella le dice a Isis, cuando se cree la madre de su propia madre. Si Claudia pudiera sería la madre del mundo. Esa vocación la contagia a quienes se le aproximan. Los amigos comparten cualidades, expresiones, manierismos. Se replican. En algún punto, ya no se distingue de quién es cada cosa. Conversando con Vivian y María tienes la sensación de que Claudia va a aparecer en cualquier instante. Que va a encender un cigarro y se sumará a hablar de lo humano y lo divino, de cómo nos hemos esparcido por la tierra y lo rápido que pasa el tiempo. La primera en Latinoamérica es Vivian. Cuenta que no aguanta más, que quiere trabajar y ayudar a su mamá. Es bastante paciente, más que el resto, pero ya mostraba síntomas de desesperación. Y todos sabemos qué pasa cuando la isla te desespera. Te infartas, enloqueces, te vuelves escéptico –cuando no cínico- o te vas. Vivian se fue un sábado antes del día de las madres.

Lo que anda mal no es que las personas emigren –como se desacertara alguna vez-. Lo que anda mal son las realidades que generan esa emigración y la creencia extendida, sobre todo en los jóvenes, de que no está en sus manos cambiar esas realidades. La formalización de la participación, la orientación constante de lo que corresponde hacer, ha limitado la creatividad, la iniciativa, la espontaneidad. El temor comprensible pero exacerbado a perder la revolución ha disminuido el potencial de la revolución para revolucionarse. Más peligroso que el error posible –equivocarse es un derecho- es la indiferencia. La indiferencia social es un cáncer cuya metástasis culmina en la injusticia. Cada idea o acción que el temor cerca e impide, puede inducir el aborto de la voluntad o voluntades participativas que la generaron, así como de las otras que lo presenciaron. Quizá a quien le dicen una vez no, continúa insistiendo en su deber de descifrar la esfinge. Pero lo grave, e imposible de medir, es el efecto que un no logra sobre terceros, en tanto sirve de ejemplo para no proponerse algo similar a lo que antes negaran a otro. No se trata de consentir el despelote. No me refiero a servir café a mercenarios políticos. Me refiero a la urgencia de alentar la creación de vías de participación afines a las identidades políticas contemporáneas.

Para que ocurra la apropiación de la utopía, para que se identifique como futuro nuestro, es preciso intervenir en su definición y construcción cotidiana. Hay que bajarla de su altura, tocarla, mirarla, cuestionarla, pensarla, voltearla al revés, discutir si se nos parece, negarla o (re)afirmarla, consensuar su nombre, decidir sus caminos. De otra forma no será posible la apropiación. Mientas no interactuemos con ella, la seguiremos considerando extraña y ajena. Nadie puede implicarse ni comprometerse con lo que no consiga identificarse. Lo único que genera sentido de pertenencia hacia un proyecto de país –o de familia, trabajo, escuela, barrio- es la participación genuina de las personas involucradas en ese proyecto. Tan importante como la solución de los problemas económicos, es la solución de los problemas de participación social en la búsqueda de soluciones de todos nuestros problemas. Quizás así la emigración sería una elección justa entre distintos futuros y no una búsqueda de futuro porque en donde naciste no vislumbres ninguno ni la posibilidad de inventarlo.

Yo se que Cuba se hace de muchas cosas. Sin embargo, los últimos meses han conspirado para hacerme coincidir con las ausencias. En demasiados espacios encuentro gente que falta o se dispone a faltar. Fotografías truncadas. Celebraciones obsoletas. Cuando te preguntan ¿y tú qué vas a hacer?, te preguntan ¿y tú para dónde vas? Hacer se concreta en irse. Como si a cierta edad, el país empezara a quedarte pequeño, a no servirte para lo que sueñas. Cualquiera desea viajar. Somos engendros de isla. La cuestión es reconocer la diferencia entre viajar y emigrar. ¿Será posible dejar Cuba definitivamente? Aquí acuñan salidas con carácter definitivo. Afuera venden coca colas del olvido. ¿Qué es lo que se olvida? Cuba no es tanto un lugar como una identidad. El lugar somos nosotros en cualquier lugar. Solo olvidándose de sí sería posible dejar Cuba definitivamente. Pero un país no puede hacerse solo con recuerdos y nostalgias del pasado. Necesita hacerse, además, de futuro. Aunque parezcan leves por como deambulan en el viento y te visitan los domingos, las ausencias son insostenibles. Habría que descender más abajo junto con Virgilio para saberlo.

(…)

siempre más abajo, hasta saber el peso de su isla,

el peso de una isla en el amor de un pueblo.

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3 comentarios en “Por culpa de un viento de domingo en el país de las ausencias

  1. No alcanzo a comentar mis sensaciones ahora, creo que el viento de este post me ha dejado así, sin pensar en nada y pensándolo todo…porque he vivido, un poco desde la distancia, o desde ti, cada historia de este texto, y siento cómo su esencia calca cada reflexión, cada sentimiento, cada sueño que profeso. Quizás por eso me enorgullezco más de ser tu amiga, de compartir esas risas y a veces esos vientos.
    Te quiero

  2. Ya comprendí el por qué de la curva que me enseñaste ayer en las visitas del blog. Dramaturgia perfecta que comienza por la fecha de publicación de este último hijo que has parido

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