Sobre cómo leer poesía. Método de la silla giratoria.

A David, porque sé que él lo intentaría.

(No recomendado para personas que padezcan vértigo o se mareen con facilidad).

Los primero es que tiene que tener una silla giratoria, de esas con rueditas que giran, con las que juegan los niños, y no haber ingerido alimentos en la última hora. Le explico. Se sube en la silla –porque en este tipo de silla uno no se sienta se sube-, se coloca cerca de alguna especie de mesa, escritorio u otra cosa con la que pueda impulsarse, elige un poema de esos que se declamarían con la boca bien abierta y una mano en el pecho, claro que usted no lo declamaría así, bueno, sí usted va a intentar este método más vale que sea de los que no declaman, y con ese poema, que, como no declama, para usted vendría siendo el tipo de poema que le exorciza el alma tras el último verso y luego tiene que tragársela otra vez para no ser un desalmado, el alma, claro, y con ese poema, que le advierto no debe superar las dos páginas, entre 40 y 50 versos máximo, aunque la cantidad varía según la resistencia del girador, mi primera vez fue con el vuelo de Miguel Hernández, que es un poco largo para una primera vez, pero dar vueltas mirando al cielo era algo que hacía con bastante frecuencia en la primaria, y en algún momento se convierte en algo así como montar bicicleta, o hacer el amor, que no importa cuanto tiempo pases en abstinencia, voluntaria o no, de uno u otro ejercicio, nunca se olvida lo básico y con lo básico viene lo particular de cada vez, lo diferente, y el cielo puede tener colgando el sol, la luna o las estrellas, o la atmósfera bien puede deprimirse, como dicen los meteorólogos, que son quienes estudian el ánimo del clima, algo así como sus psicólogos aunque no indiquen tratamiento, que girar con los brazos abiertos, siempre te va a licuar las ideas con los sentimientos, cuando sientas que andan riñendo o como muy distantes, por eso girar mientras se lee un poema, sea con una silla giratoria o con los pies, aún no lo intento con los pies, girar mientras se lee un poema es como engullir con los ojos los sentidos ocultos en cada palabra, lo que dejamos de captar, el dolor transformado del poeta, el halo de vida sibilino que dejara en la obra, el halo de vida inaprensible, el halo de vida inextricable, el halo de vida que si no profanas nunca alcanzarás al poema, o al autor, y que cuando le alcanzas te envuelve, te extasía, te embriaga, te embriaga con una embriaguez de mundo que no le cabe a tu cuerpo mortal, que sacude a las mentes disciplinadas, y de pronto sabes que pasó algo en ti, pasó algo, aunque no entiendas qué fue, aunque no puedas nombrarlo, pero para eso necesitas girar y hay cosas más pueriles que necesitas saber, la primera es que si lo vas hacer sobre una silla tienes que cruzar las piernas una sobre otra, y dejarlas que descansen y olvidarte de ellas, ya te dije, “te” porque ya nos conocemos, entonces, te dije que tienes que tener algo cerca para impulsarte, no a lo bestia, sino sólo la fuerza necesaria que hace a la silla tardar exactamente tres segundos en recorrer una distancia de 360 grados, que es ir del inicio al inicio, y lo otro importante, es que tienes que fijarte, hacer una prueba de que tus rodillas ni ninguna parte de la silla, que poco a poco se adherirá a ti y ya no habrá más silla y tú sino una persona con ruedas o una silla con torso, que no tropiece con nada que interrumpa el giro, porque el giro no puede ser interrumpido, ya entonces tienes que haber elegido un poema, uno que preferiblemente hayas leído antes, varias veces, que logres predecir (no recitar),  y con una mano, con cualquiera de las dos, cómo te sea mejor, yo con la izquierda, sostienes, sostuve un libro, o el papel donde se encuentre el poema, y con la otra, la derecha, es que te impulsas, me impulso, mientras leo y mantengo los ojos fijos, muy definitivo, lees y mantienes los ojos fijos, en el libro, y no en lo que da vueltas, así como desenfocar el fondo y dejar el poema totalmente enfocado, y empiezas la lectura, sin detenerte en el impulso de la lectura, en el impulso del giro, sin preocuparte del final, solo de la poesía, sin detenerme, sin preocuparme, y en voz alta las palabras van saliendo del libro, pero no pueden salir fuera porque das vueltas, doy vueltas, y con los giros y tus ojos, mis ojos, que solo miran las letras te cierras, me cierro en una y otra vuelta, y las palabras se me cuelan por todas partes sin darme cuenta, se te cuelan por todas partes sin que te des cuenta, hasta que termina y primero, cuando termino, es cerrar los ojos, sin sacar la vista fuera cerrar los ojos y contar 20 segundos, muy lentos, más lento que el reloj, o más, según el poema, y tu estómago, y mi estómago, y ahí en ese momento, es que comienzas a alcanzar al poema o al autor, que lo alcanzo, y cuando abrimos los ojos, no entendemos nada y no lo intentamos, pero pasó algo que no le conocemos nombre, que la poesía es un misterio que nunca se descubre y siempre se confirma.

(Septiembre de 2012)

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2 comentarios en “Sobre cómo leer poesía. Método de la silla giratoria.

  1. .. Parece que te desbocaras en una bicicleta, toda tu con tu idea sin limites de espacio tiempo y sin presiones sociales que definen que el objetivo es o debería ser … este es el segundo escrito tuyo que leo y me siento ya con el derecho de comentarte… me gusta … te iba a decir que son largos, pero después me di cuenta que no hay remedio, pararás cuando se acabe la loma y quizás según el estado de animo puede que hasta le des a los pedales para coger mas impulso… gracias entonces.. porque el que te lee, montado quizás en la parrilla no le queda más remedio que encomendarse a tu suerte y pericia y leerte hasta que quieras y quizás, según el estado de animo hasta levante las manos para para añadirle más emociones al momento…. así que seguiré leyendo.. te cuento más alante…

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