Salarrué (o en busca de Roque Dalton)

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No estoy segura del nombre de esta obra, pero creo que es Maya.

Cuando caí en este país, pensé que Roque Dalton iba a ser el primer escritor que me convocaría. Roque Dalton era para mí la literatura salvadoreña. En la jungla de mis fértiles ignorancias, la literatura salvadoreña era Roque Dalton. Pero para empezar, me dejé a Roque en casa. Yo quería traerlo conmigo de vuelta a sus orígenes, para que ese librito rojo editado por Casa de las Américas -tan pérfido, ingrato, pretencioso- se espiritualizara con las energías del país que fecundó esa poesía. Sinsentidos míos. No me pidan porqués. Yo quería echarme a Roque en un bolso y atravesar los 20 742 km² de El Salvador y apuntar con un poema a cualquier parte y experimentar otra lectura de mis páginas marcadas y quería que Roque me enseñara a mirar su patria amada y preguntarme si allí donde un poema jalonea quizá un rastro suyo que reclama.

Pero Roque se me quedó en casa. Me han regalado una fotocopia de una fotocopia de unos poemas suyos que inspiraron en los tiempos de la guerrilla, pero todavía no me lo devuelve. En una venta de libros encontré un ejemplar de Tabernas y otros lugares, algo caro para lo que acostumbramos a pagar por un libro en Cuba, aunque pude fisgonear un rato en actitud de compradora indecisa. Sin embargo, siento que todavía no nos hemos encontrado.

Así andaba en estas semanas, a la expectativa de “la literatura salvadoreña”, cuando una amiga santiaguera me desubica en medio del Museo de la Palabra y la Imagen, frente a una pared oceánica donde nadaban palabras aberrantes, ¿deformes?, de una desobediencia escandalosa, reacias a traducciones. Bellas, en definitiva.

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Esto es en una pared el museo. Muy caluroso, pero con archivos tremendos.

– Eso de ahí es de Salarrué.

– ¿Salarrué?

 – Salvador Salazar Arrué -me explica como si hubiera escuchado mi desconcierto-.

Salarrué… Mucho gusto señor. Discúlpeme la tardanza. Vaya obra. Sí que se esmeró desbarajustando el mundo. Prometo reivindicarme.

Y comienzo a reivindicarme en la lectura.

Descubrir a un autor que te explosiona es como descubrir un color nuevo. Yo nunca he descubierto un color nuevo, apenas combinaciones, tonalidades, pero imagino que debe sentirse similar. Esa es una de mis sensaciones favoritas. Superior incluso a despertar sin alarmas, o a comer con hambre y mucha calma. No es otro nombre. Es una soledad más compartida. Menos singular.

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Antes de irme espero conocer su casa en Los Planes, ya traeré fotos.

Salarrué, al igual que Roque, murió en 1975. (Lo cual -qué vergüenza- en el lenguaje de mi ignorancia podría traducirse como que en 1975 acaba “la literatura salvadoreña”: no he dicho nada). No lo mataron “sus compañeros” bajo la acusación de ser agente de la CIA a pocos días de cumplir cuarenta años. Salarrué  murió a los setenta y seis de un cáncer en el páncreas, viudo y galardonado por la pobreza, en su casa cuasi retiro, en el cantón Los Planes de Renderos.

“Yo soy un graduado en pobreza -advertía en un periódico desde 1935-. He pasado la prueba y tengo mi doctorado. Pocos, muy pocos estudiamos esta maravillosa ciencia que confiere tanta satisfacción y tanto desembarazo. Es cuestión vocacional, digo yo; la pobreza es una profesión muy delicada. Los hombres han dado en temer a la pobreza, desprecian a quien elige tal derrotero para simplificar su vida espiritual”.

Salarrué tampoco tuvo el tipo de “compañeros” y compañeros que Roque tuvo, ni se adentró en las turbulencias de la política. Salarrué se adentró en el pueblo de El Salvador y armó un mapa de su cultura con relatos, pinturas y poemas. Salarrué no se implicó con Cuba como Roque, pero gracias a Roque, Casa de las América publicó Cuentos, en 1968, con prólogo de Roque. Pero uno y otro, a pesar de tener destinos tan dispares, nunca antagónicos, comparten el motivo de su trascendencia: fueron siempre consecuentes con sus principios. Salarrué y Roque no son dos tipos de artistas sino un mismo tipo de hombre.

Fragmento de Carta de Roque a Salarrué

Praga, 27 de Octubre de 1967.

Estimado Salarrué:

Me dio mucha alegría recibir su amable respuesta. Inmediatamente me puse en contacto con la gente de Casa de las Américas para hacerles saber su opinión al respecto.

Por mi parte me he puesto a trabajar ya y ya seleccioné el material en lo que corresponde a Cuentos de Barro. Ahora selecciono los Cuentos de Cipotes. Le ruego me envíe, por paquete postal aéreo (supongo que costara por ahí por los tres colones) Trasmallo y La Espada y otras narraciones, que no tengo conmigo.

En la Biblioteca de la Casa de las Américas en La Habana si están pero yo no podré ir allá hasta Enero, para el Congreso Cultural. Asimismo me urge una ficha biobibliográfica suya, lo más completa posible. Y si desea mandar material nuevo, inédito, o no, hágalo por favor.

(…)

Me gusta mucho trabajar con su material: aquí el otoño comienza a mostrar sus canas y hay que encerrarse en casa. Se imaginará la nostalgia que soporto, yo que no conozco mejor concepto del paraíso que una playa guanaca donde se puedan comer ostras y curiles, camarones de río y huevos de tortuga. Estas semanas próximas tendré calor del país en el escritorio, a través de sus páginas.

(…)

Estaré contento de recibir más letras suyas. Esté Ud. seguro de mi afecto y admiración:

Roque Dalton

….

Fragmento inicial del cuento El negro, en Cuentos de barro (1933)

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El negro Nayo había llegado a la costa dende lejos. Sus veinte años, morados y murushos, reiban siempre con jacha fresca de jícama pelada. Tenía un no sé qué que agradaba, un don de dar lástima; se sentía uno como dueño de él. A ratos su piel tenía tornasombras azules, de un azulón empavonado de revólver. Blanco y sorprendido el ojo; desteñidas las palmas de las manos, como en los monos; gachero el hombro izquierdo, en gesto bonachón. El sombrero de palma dorada le servía para humillarse en saludos, más que para el sol, que no le jincaba el diente. Se reiba cascabelero, echándose la cabeza a la espalda, como alforja de regocijo, descupiéndose toduel y con gárgaras de oes enjotadas.

El negro Nayo era de porái…: de un porái dudoso, mezcla de Honduras y Berlice, Chiquimula y Blufiles de la Costelnorte. De indio tenía el pie achatado, caitudo, raizoso y sin uñas —pie de jengibre—; y un poco la color bronceada de la piel, que no alcanzaba a velar su estructura grosera, amasada con brea y no con barro.

Le habían tomado en la hacienda como tercer corralero. No podía negársele trabajo a este muchacho, de voz enternecida por su propio destino. Nada podía negársele al negro Nayo: así pidiera un tuco e dulce, como un puro o un guacal de chicha. Pero, al mismo tiempo, era —pese a su negrura— blanco de todas las burlas y jugarretas del blanquío; y más de alguna vez lo dejaron sollozante sobre las mangas, curtidas con el barro del cántaro y la grasa de los baldes. Su resentimiento era pasajero, porque la bondad le chorreaba del corazón, como el suero que escurre la bolsa de la mantequilla. Se enojaba con un “no miablés”… y terminaba al día siguiente el enojo, con una palmada en la paletiya y su consiguiente: “¡veyan qué chero, éste!”… y la tajada de sonrisa, blanca y temblona como la cuajada.

       (…)

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3 comentarios sobre “Salarrué (o en busca de Roque Dalton)

Agrega el tuyo

  1. … y la señora Guaramba aún irá diciendo por los caminos
    “[¡Ve pué!”
    pero de pura contentura y sabiduría
    y nadie les pegará en las nalgas a los cipotes
    por ispiar por los hoyitos de la carpa del circo
    más bien todo el país será una chulada de circo para niños
    con payasos cosmonautas y mistiricucos de Saturno
    con repartición de sorbetes de mora y caramelos
    [de leche de burra
    de puro choto para todos
    y chilate con nuégados para los papases y las mamases
    [a la salida
    y bolsas de alboroto quiebradientes y güishte vitaminado
    y panes con chumpe de tres chunchucuyos
    y pupusas de loroco automáticas
    envueltas para llevar a las casas de cada quien…

    Roque Dalton, “Larga vida o buena muerte para Salarrué”.

    … un comentario saludo, un comentario abrazo, un comentario poema, un comentario parte de un poema =)

    un saludo. vida y palabras, las he encontrado juntas.

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